sábado, diciembre 15, 2007
Dilemas
Yo digo que está bien, a veces que está mal. Creo que tengo tiempo de sobra, pero ese tiempo pasa rápido. Vamos a sufrir un poco, expresar con palabras lo que no se puede expresar con el cuerpo, tal vez sea algo que no existe, pero si dentro mío, nadie va a saber nunca porque no me entiendo, porque se acortó mi vida en un abrir y cerrar de ojos; creo que en realidad no es así, pero al menos yo lo veo de esa forma. La única manera de demostrar lo que pasa por la cabeza de un adolescente del siglo XXI es diciéndolo, todos se callan, casi nadie habla, yo sí, no tengo miedo a nada, ni a los prejuicios, ni a las consecuencias de gritar.
Y yo todavía me acuerdo...
De cuándo una ruptura parecía el fin del mundo, cuándo todos eran únicos y sentía que no le iba a encontrar salida a cada desengaño amoroso que transcurría en mi vida, me acuerdo, sí, cuando pensaba que el amor era obnubilación y obsesión pura que cegaba mi cabeza y me hacía caer en el suelo a patalear y gritar de bronca preguntándome por qué yo no había dejado primero a ese hombrecito, eso no era el fin del mundo, ni muchísimo menos amor, eran ataques, ataques de orgullo que se venían encima mío -porque yo no soy orgullosa casi nunca- después de algún tiempo de autocalificarme sumisa y callada; nunca decía lo que me pasaba, me mantenía neutral, me daba miedo, en general, hablar acerca de mis molestias, pero siempre, siempre me enrollaba, siempre me enrollo, pero la diferencia con el tiempo actual es que no puedo callarme las broncas; que sé, que aunque tal vez con mis exigencias desate iras y discusiones, llantos y pataleos de dolor de verdad, el hablar me alivia; creo, pienso, imagino que un poco maduré, no sé si tanto como lo deseo, pero comprendí un poquito más que se debe hacer frente a una relación de pareja, a pesar de eso, cuesta, pero yo no tengo más miedos; sé que soy exclava de mis palabras pero soy capaz de reconocerlo y de pedir perdón si me equivoco, ya no uso estrategias de falsedad para tapar molestias, ahora uso la comunicación, la voz baja pero en tono serio, ya no me gusta ocultarme, aprendí, con la poca vida que tengo y la poca experiencia que comunicarse y confiar es la base, el pie de cualquier amor de verdad, aprendí que si te enrollás, tenés que desenrollarte, solito, solito; y la mejor forma es contar, decir, mostrar, pedir, reclamar, de alguna forma solamente así es posible darse a conocer, pero sí, no te creas que no; yo todavía me acuerdo de los tiempos pasados, de lo "pelotuda" que fuí al creer que todo estaba bien si no abría mi boca para quejarme, ahora me quejo, si me molesta me quejo, pero hay algo que todavía no puedo; enojarme, nunca me enojé, no puedo enojarme, puedo quejarme, pero jamás enojarme, no me gusta, no me sale, no es lo mío; ese es el orgullo que aún me falta, ofenderme es en vano para mí, no se si alguna vez voy a cambiar eso, pero está bueno poder hablar sin gritar, sin ofenderse y dar la espalda, nunca me enojo, pero todavía me acuerdo de otros momentos, y comparo, me detengo a comparar, engancho pensamientos y todo es como un cálculo matemático; ahora estoy mejor, soy un poco más coherente que de lo que yo me acuerdo.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
Publicidad Pinamar (vamos pueblo mío!)
object width="425" height="344">
